En el marco del Día Internacional de la Mujer, Congreso Futuro lanzó una pieza audiovisual que reúne a diversas expositoras chilenas para reflexionar sobre una deuda pendiente: ¿Qué condiciones necesitan realmente las mujeres para desarrollar conocimiento en Chile?
Inspiradas en la premisa de Virginia Woolf sobre la necesidad de autonomía financiera y un espacio sin distracciones para crear, figuras como la Premio Nacional María Teresa Ruiz y la biotecnóloga Komal Dadlani advierten que, para desarrollar todo el potencial de conocimiento en Chile, el país debe asegurar una “habitación propia” en la academia y la industria para el talento femenino..
Hoy, esa reflexión atraviesa también el mundo de la ciencia. A pesar del avance en la participación femenina en educación superior y en diversas disciplinas, las investigadoras siguen enfrentando brechas vinculadas al acceso a financiamiento, a los espacios de decisión, a la distribución del trabajo doméstico, de cuidados y a los sesgos que persisten en distintos entornos académicos y tecnológicos.
Uno de los primeros espacios donde se configuran esas oportunidades es la educación. Para Claudia Vargas, doctora en Didáctica de la Matemática y académica de la Universidad de Santiago, el desafío comienza desde las primeras etapas formativas. A su juicio, avanzar hacia una educación libre de sesgos es clave para que las niñas crezcan con la confianza de que sí pueden desarrollar carreras científicas, recordando que las capacidades no distinguen género.
La física chilena Carla Hermann, doctora en Óptica Cuántica Experimental y Teórica de la Universidad de Chile, subraya que las trayectorias científicas también están profundamente influenciadas por la organización social de la vida cotidiana. En ese sentido, sostiene que el desarrollo pleno del talento femenino requiere avanzar hacia una sociedad donde el cuidado sea una responsabilidad compartida y donde ninguna mujer tenga que elegir entre su vocación científica y su familia.
En el ámbito de la salud pública y el envejecimiento, la médica Cecilia Albala plantea que ampliar los espacios para las mujeres implica también reconocer el valor de la experiencia acumulada a lo largo de la vida. En su visión, el desafío es avanzar hacia una vejez digna y con propósito, donde la edad sea valorada como experiencia, sabiduría y una oportunidad real de seguir aportando al mundo.
Desde el campo de la innovación y la inclusión, la ingeniera Carolina García enfatiza la importancia de que niñas y jóvenes puedan explorar sus talentos sin las limitaciones que imponen los estereotipos. Para ella, el desafío es garantizar la libertad de descubrir y seguir sus intereses, sin que nadie determine de antemano hasta dónde pueden llegar.
Las transformaciones tecnológicas también forman parte de este debate. La biotecnóloga Komal Dadlani, fundadora de Lab4U y referente del emprendimiento científico en América Latina, plantea que el desarrollo de nuevos ecosistemas de innovación debe abrir espacio a más diversidad. En su opinión, se necesita un entorno que incentive la curiosidad de todas las personas y que apueste por su capacidad de innovar.
Desde la neurociencia, Evelyn Cordero, académica de la Pontificia Universidad Católica y directora ejecutiva de Fundación Arrebol, subraya que la curiosidad científica necesita entornos que la estimulen desde las primeras etapas de la vida. A su juicio, el acceso a una educación inclusiva y basada en evidencia es fundamental para abrir preguntas y garantizar oportunidades reales desde la infancia.
La reflexión se proyecta incluso a escalas mayores. La astrónoma María Teresa Ruiz, Premio Nacional de Ciencias Exactas, recuerda que la ciencia ha demostrado que el universo es mucho más amplio de lo que alguna vez imaginamos. En ese mismo sentido, plantea que las capacidades humanas son infinitas y que, en un universo tan vasto, no existe ningún rincón donde el potencial de las mujeres no tenga la oportunidad de expandirse.
Las voces reunidas coinciden en un punto central: ampliar las oportunidades para que más mujeres investiguen, creen conocimiento y participen en las decisiones científicas no solo responde a un principio de equidad, sino que también contribuye a enriquecer las preguntas, las miradas y las soluciones que la ciencia propone para comprender y enfrentar los desafíos de la sociedad.
La pieza propone una mirada sobre el “cuarto propio” adaptada al siglo XXI y abre una conversación sobre los espacios que aún es necesario construir para que más mujeres desarrollen plenamente su talento.
Revisa el video de la campaña acá:
