¿Conviene enfrentar una futura pandemia sin producción local de vacunas?

Por Felipe Tapia

Así como muchos historiadores piensan que la peste negra tuvo en Europa un efecto catalizador en la desaparición del feudalismo y aparición de la Edad Moderna, es posible que la pandemia de coronavirus tenga efectos que modifiquen de forma profunda la forma de vivir a la que estábamos acostumbrados. Uno de esos cambios es sin duda la forma de comunicarnos y la forma de trabajar. Pero otro cambio importante es respecto de la importancia que le demos a la producción local de vacunas, que hasta ahora ha sido un tema largamente olvidado por privados y por estados, con consecuencias catastróficas que están a la vista.

Por un lado, existen los que piensan que la producción local de vacunas en Chile no es necesaria. Razones para pensar así hay varias y a primera vista son razonables. La primera de ellas es que Chile, a pesar de ser uno de los 178 países del mundo que no cuentan con capacidad manufacturera de vacunas, ha sido uno de los países que más rápido ha vacunado a su población en todo el mundo, por sobre incluso de países productores y más industrializados. Lo cierto es que eso fue válido para Chile, pero no para los 177 países restantes que no corrieron la misma suerte.  ¿Qué fue lo que permitió que Chile fuera el mejor de todos en vacunación?.

En primer lugar, Chile es un país de 19 millones de habitantes y producir un número de vacunas inactivadas equivalente no es tan difícil para una fábrica tradicional ya instalada. Lo difícil era conseguir un cupo en la agenda de producción y eso se negoció bien. En segundo lugar, algo muy positivo de no tener manufactura local, es que presionó a las autoridades a buscar una solución rápida y asumiendo costos y riesgos, pues otra alternativa no tenían. Otros países con capacidad productora local, en cambio, se dejaron llevar por las presiones internas, lobbies político-empresariales, nacionalismos, corrupción o simplemente dejaron esta labor a los privados, en vez de presionar y tomar iniciativa a nivel de estado por acelerar el desarrollo de vacunas en tiempo récord. Por otro lado, al ser Chile un país con una economía abierta, nos dio ventajas respecto a otros países con economías cerradas y proteccionistas, pues los países productores vieron en Chile a un viejo socio comercial de confianza.

Sin embargo, el dato importante y que nadie toma en cuenta es que nada de lo que logró Chile hubiera sido posible si China no hubiera controlado a tiempo el brote en Wuhan, como indican los datos oficiales. Si el virus se hubiera descontrolado más allá de Wuhan, China jamás hubiera permitido exportar vacunas, pues la seguridad de su población hubiera primado. En ese caso ni los tratados internacionales ni todo el oro del mundo nos hubiera permitido comprar tantas vacunas y con tanta generosidad. En otras palabras, el éxito de Chile en vacunación tuvo una gran cuota de suerte.

Cuando el Instituto de Salud Pública cerró su fábrica de vacunas el año 2005, hacer vuelos internacionales todavía era un lujo. Las aerolíneas low-cost estaban naciendo y nadie proyectaba que en 15 años viajar al otro lado del planeta fuera tan fácil. Eso es ideal para la propagación de virus respiratorios y países abiertos al mundo, como Chile, están más expuestos a esos virus que el resto. Esto permite especular que la fecha oficial de llegada del SARS-CoV-2 a Chile no fue el 3 de Marzo de 2020, como se declaró oficialmente, sino mucho antes con algún asintomático. Pero eso jamás lo sabremos.

La pandemia de COVID-19 nos dejó una lección grande y es que nunca debimos haber dejado de producir vacunas con el Instituto de Salud Pública. Los millones de dólares que nos hubiera costado mantener esa teórica planta productora representarían un costo marginal al lado de las decenas de miles de millones de dólares perdidos por no tener vacunas locales y por habernos visto forzados a detener al país entero. Tener una fábrica local que produjera, por ejemplo, el 20 ó 30% de las vacunas nacionales de COVID, y dejando el resto al mercado internacional, nos permitiría vacunar incluso más rápido de lo que lo hemos hecho hasta ahora y con menor costo de vidas. Posiblemente un balance entre tener producción local y adquisición de vacunas en el mercado internacional sea la mejor fórmula para enfrentar futuras pandemias. Así recuperaríamos producción local pero manteniendo a raya los posibles lobbies internos y nacionalismos que afloran en países donde la producción de vacunas está exclusivamente en manos del Estado.

La pandemia de COVID-19 tiene una tasa de mortalidad cercana al 2% y futuras pandemias con virus respiratorios podrían tener tasas de muerte mayores, como ocurre con algunas cepas de influenza y como ya se ha visto en años anteriores. Sólo espero que, cuando eso ocurra, Chile tenga algo de capacidad productora de vacunas con qué defenderse.  

Sobre Felipe Tapia

Ingeniero químico y emprendedor chileno especializado en la producción de vacunas. Es co-fundador de la spinoff ContiVir del Instituto Max Planck en Alemania, la cual se dedica al desarrollo de tecnologías de manufactura de vacunas que son más rápidas y eficientes que los sistemas de producción de vacunas actuales. Las tecnologías desarrolladas por Felipe Tapia y su equipo, consistentes en un biorreactor continuo y una columna de cromatografía de alta eficiencia, prometen miniaturizar y democratizar el acceso a tecnologías de manufactura de vacunas a nivel mundial. Por esta razón, entre el 2019 y 2020, recibieron financiamiento por 1.7 millones de euros del Gobierno Alemán y de la Unión Europea. Él y su equipo ContiVir, en colaboración con el Dr. Carlos Fuhrhop de la Universidad Austral de Chile, pretenden desarrollar en Chile una microfábrica de vacunas virales en base a sus tecnologías desarrolladas en Alemania, lo que le permitiría al país recuperar su capacidad de manufactura de vacunas.

Ingeniero civil químico de la Universidad Técnica Federico Santa María, Máster en ciencias de procesos y materiales avanzados de la Universidad de Erlangen-Núremberg y Doctor en Ingeniería del Instituto Max Planck para la Dinámica de Sistemas Técnicos Complejos, Magdeburg, Alemania.s Complejos.