El diálogo para la

transformación de conflictos

Texto: Alfredo Zamudio, Centro Nansen para la Paz y el Diálogo. Foto de portada: Shutterstock

Un proceso de diálogo sirve para ordenar la conversación, dice el Centro Nansen para la Paz y el Diálogo. 

Es común que en una situación de conflicto, las partes presenten sus posturas desde sus respectivas posiciones, intereses y necesidades. Tal vez no han habido espacios para escuchar las posturas de los demás y si no existen esos puntos de encuentro, es fácil convencerse de la fortaleza de sus propios argumentos, aunque falte la voz de otros.

Uno de los primeros pasos para la transformación de conflictos es elegir la herramienta más adecuada. Existen tres herramientas para la transformación pacífica de conflictos: negociación, mediación y diálogo. Mientras que la negociación y la mediación ponen énfasis en los resultados, el diálogo pone énfasis en el proceso. Para la negociación se requiere de partes que estén dispuestas a hacer un intercambio, y esto es difícil cuando no hay confianza ni claridad de quiénes deben participar. El diálogo ofrece un camino para crear esas confianzas y para identificar quiénes son los actores para lograr soluciones.

Ilustración: Fundación Berghof 
Manual de diálogos nacionales – Guía para practicantes

¿Para qué sirve el diálogo? Un proceso de diálogo puede servir para ordenar la conversación y así encontrar tanto las dificultades, como las posibilidades. El diálogo es un espacio para que hablen directamente aquellos actores que tal vez no han tenido esa oportunidad.

El diálogo es un espacio para decirle al otro todo lo que uno tiene que decir, y también para hacer preguntas y para escuchar. Cuando hay mucho que decirse, esos espacios pueden ser muy difíciles, especialmente si no logran un mínimo de resultados que satisfaga a sus respectivos sectores.

Hay algunos desafíos iniciales para diseñar ese espacio:

  • ¿Cuál es el cambio que se busca?
  • ¿Cuáles son las voces necesarias?
  • ¿Quiénes no desean participar?

Hay que lograr que las distintas posturas se escuchen y que hablen en forma directa y constructiva.
¿Pero cómo lograrlo cuando hay mucha desconfianza? Es recomendable desde un principio aclarar que dialogar es distinto a la negociación.

Un diálogo llega a buen puerto cuando las partes escuchan de cuál conflicto están hablando, qué les pasa, cómo ha ocurrido y cómo seguir para adelante. No obstante, mientras están en el proceso, pueden encontrar algunas soluciones y encontrar las formas de cómo convertirlas en realidad. En ese proceso de ordenar la conversación, definiendo los conflictos y sus consecuencias, las partes van dibujando un mapa común, sobre una realidad que hasta ese momento estaba dividida.

Mientras más complejo sea el conflicto, más importante es seguir en el diálogo, aún cuando el camino sea muy difícil. Mientras van avanzando, van cambiando las actitudes de quienes participan, y pueden llegar a su destino, un futuro compartido.

Ilustración: Rafael Edwards, adaptación del original de Alfredo Burgos (El Salvador), Democratic Dialogue – A handbook for practitioners.