Somos camino

Por Nicolás Luco

Algo esconde la obertura de la ópera Tristán e Isolda; Richard Wagner agazapa ese algo, entre otros compases y captura mi conciencia.

Comienza con el bautizado “acorde Tristán”, irreverencia que injerta ansiedad y hondura, vacío.

Y luego, por tres actos, ocurre como cuando una siesta avanza por parajes irresueltos…. El “acorde Tristán” requiere arribar y se interrumpe como coito frustrado.

Finalmente, aparece lo deseado: en un desenlace casi “orgiástico” (hay algo de ceguera en lo orgiástico).

El desarrollo hacia la conclusión palpita con contagios malignos, asimilaciones, deseos, dolores… Hasta que, a las 4 horas de ópera, se desgrana como desde una cascada, el final.

Ahí está el fin, sin calificativos, en el hoy, incluso independiente de su historia.

En septiembre, publicó Joseph Henrich (https://bit.ly/2T6j01H), director del Centro de Biología Evolutiva de Harvard, “Los más raros del mundo”. La obra instala al lector, apoyado en las estadísticas del ser humano, en un recorrido. Occidente no es la mayoría, más viven otros valores.

Ejemplo: la Declaración de los Derechos del Hombre habla de “toda persona”; cuando en la mayoría de las culturas, lo sagrado es la identidad familiar, el clan, el oficio, el territorio… El siglo X comenzó a fijar la estructura impersonal de Occidente.

Nada malo: sin impersonalidad no habría dinero, ni medicina, ni elecciones. Pero, dice Henrich, la mayoría confía más en su familia (nepotismo) que en los diplomas (meritocracia).

La impersonalidad lleva a urbanos presionados a migrar a culturas como las del Chiloé rural. Mas, ¿quién construirá los satélites que hoy nos brindan tantas soluciones?

Así también, culturas como las de India, cambian sus relaciones próximas por la ansiada “modernidad”.

Avanza una tensión que, como en Tristán e Isolda, busca una resolución.

Y es el presente, sus silencios y sus choques, sus multitudes y sus incendios lo que avanza, a veces con gusto, otras con coitos interruptus hacia lo ansiado, oculto, no bien definido.

El presente también trae conciertos, empatías, concesiones. Guerras, hambre, delincuencias.  Cárceles, retiros espirituales. Moribundos en cuidados intensivos. Cuidadores.

Un amigo empresario organizó la entrega solemne de libros a niños de primer año básico en Escuela  Uruguay en Santiago Centro. El BanEstado puso libretas de ahorro. Él aportó $10 mil para la de cada escolar. Conoció la idea en Alemania.

Final y comienzo. Ansiedad, desenlace.

No es la resolución final. (En Tristán e Isolda, a poco de alcanzada la nota cúlmine, Wagner cambia la escala apuntando a lo místico, lo trascendente).

Con tantos ingredientes, que exaltan a los participantes, se construye obra.

Es en estos procesos donde, sin abjurar de los derechos personales, la humanidad, como en la gran exposición fotográfica de Naciones Unidas “La familia humana”, existe. (https://bit.ly/3dyK57k).

Y existe en cada uno.

Los “fríos” supondrán en mi amigo empresario intenciones de evadir impuestos. Esa mirada envenena.  Acompaño a desconocidos y conocidos. Niego la lucha de clases. Acepto desigualdades. El acorde Tristán se “resuelve”; siempre falta más.

“¿Y no será la amorosidad amada por siempre?” (Eurípides).

Sobre Nicolás

78 años
casado
4 hijos
21 nietos
Periodista científico – U de Chile.

Cuando Nicolás Luco Herrera, el papá, le regaló a su hijo de 11 años, un auto a cuerda alemán “Schuco” con muchas capacidades gracias a los engranajes bajo la carrocería, le demostró que era posible saber cómo funcionan las cosas.

Enterada la secundaria, y tras tres años estudiando filosofía en la U.de Notre Dame, EE.UU., fue expulsado, por discrepancias. En 1965 ingresó a Periodismo, U. de Chile, donde participó en los movimientos universitarios de los 60. Fue directivo de la publicación “Claridad” y de “U – 6x” el programa de Tv de la FeCh. Obtuvo su licenciatura en 1969. Desde 1968 a 1976 produjo, escribió y dirigió proyectos en la Vice Rectoría de Comunicaciones de la PUC; se le pidió renunciar. Tras una breve cesantía, se sumó al Centro Latinoamericano de Educación de Adultos, donde asesoró a medios de comunicación de base: desde ficheros poblacionales hasta radioemisoras de la iglesia católica. En 1976 fue invitado a ejercer como Secretario de Redacción en la Revista del Domingo de El Mercurio. Allí trabajó hasta 1989 editando y escribiendo reportajes costumbristas, de viaje, de ciencia, de denuncia y humorísticos. Entonces asumió la edición del suplemento semanal “Siglo XXI Ciencia y tecnología” de El Mercurio… hasta su cierre en 2000. Hubo mucho que inventar, practicar, explicar y contar durante el auge de la informática y la internet. Posteriormente editó la cotidiana sección Ciencia y Tecnología, hasta 2009.

Ha sido docente e investigador en la Escuela de Periodismo de la U. de Chile; en la Escuela de artes de la comunicación, P. Universidad Católica de Chile; de periodismo científico en la U. Diego Portales; ídem en la U. La República. Fue jefe de comunicaciones de Ingeniería UC (2011-2013). Participó en el directorio de Fundación Mustakis, dedicada al aprendizaje significativo (dos años). Asiste como invitado a las sesiones de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado y trabaja como free-lance.